martes, 27 de octubre de 2009

LA MUJER DEL CESAR


Según cuenta Plutarco en sus "Vidas paralelas", un patricio romano llamado Publio Clodio Pulcro, dueño de una gran fortuna y dotado con el don de la elocuencia, estaba enamorado de Pompeya, la mujer de Julio César.
Tal era su enamoramiento, que en cierta oportunidad, durante la fiesta de la Buena Diosa (celebración a la que sólo podían asistir las mujeres) el patricio entró en la casa de César disfrazado de ejecutante de lira, pero fue descubierto, apresado, juzgado y condenado por la doble acusación de engaño y sacrilegio.
Como consecuencia de este hecho, César reprobó a Pompeya, a pesar de estar seguro de que ella no había cometido ningún hecho indecoroso y que no le había sido infiel, pero afirmando que no le agradaba el hecho de que su mujer fuera sospechada de infidelidad, porque no basta que la mujer del César sea honesta; también tiene que parecerlo.

No estamos, sin duda, en los tiempos de Julio Cesar, pero su afirmación con respecto a la apariencia de honestidad de su mujer, es absolutamente trasladable, con mayor motivo, a los políticos, sobre todo a los políticos con cargos públicos. La presunción de inocencia de nuestra Constitución, nada tiene que ver con las normas morales y éticas de nuestra sociedad, tan solo con las normas penales.

Así pués, la afirmación de Mariano Rajoy de que ha triunfado la justicia por el hecho de que el TSJCV haya declarado que el aceptar trajes de una empresa contratista de su comunidad no sea delito, es una estupidez (u otra cosa), puesto que la gravedad, no está en la relevancia penal del hecho (cosa que todavía debe ser resuelta por el TS), sino en el mero hecho de los Sres. Camps y Costa Presidente de la Generalitad y Secretario del PP respectivamente, en la Comunidad Valenciana , delegasen el pago de una serie de prendas que ellos mismos encargaron y valoradas en varias decenas de miles de Euros, a una empresa contratista de la Generalidad que el Sr. Camps preside (no así el Sr. Costa que sorprendentemente ha sido cesado), ya que no es lógico pensar que una empresa haga un regalo de esa entidad por simple cortesía o amor al arte.

Lo vergonzoso, no lo determinan los jueces, recuerdo que durante mi juventud, un compañero mío, tenia que ir a ver a su novia a su casa todos los festivos, ya que élla y su familia no salían por vergüenza de ser vistos por la gente del pueblo, al haber sido acusado el padre, en el robo de dos cerdos. Estos tiempos han pasado, pero de aquí a que un político de relevancia base toda su credibilidad en el mero hecho de que no le vayan a condenar penalmente por sus hechos, hay un abismo.

Lo mismo digo de otros casos como los de UM en Mallorca, y otros sonados del PSOE, que no viene a cuento ventilar ahora, pero que todo el mundo conoce. Los dirigentes que pudiendo cortar estas situaciones las permiten para conservar el poder de la forma que sea, son todavía mas vergonzantes.

Pero les seguiremos votando.
Que pais… madre”.

ES BROMA

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